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ser. En un instante él bajó la mirada y vio su pene empapado de fluidos y sangre, señal de que era el primero en estar con ella. La idea lo excitó aún más, y la embistió con fuerza, casi con brutalidad. Ella gemía y sudaba, enajenada. Al cabo de unos minutos ambos se corrieron, por las paredes vaginales de Venus se fugó un poco de esperma. Marte quedó rendido, recostado sobre ella.